martes, febrero 20, 2018

El prado de Rosinka, de Gudrun Pausewang


El prado de Rosinka, según nos aclara en el prólogo su traductora, Consuelo Rubio Alcover, es el primero de cuatro libros sobre un ciclo narrativo y autobiográfico en el que la autora, Gudrun Pausewang, indaga en sus orígenes, en lo que llevó a sus padres a retirarse a vivir (o más bien a sobrevivir) a un entorno rural y los años posteriores a esa decisión. El primer volumen, El prado… (con el subtítulo de "Una vida alternativa en los años veinte"), está contado mediante las cartas que la madre de Gudrun escribe a su sobrino Michael, quien está valorando si aventurarse en ese estilo de vida de sus familiares. Esas misivas en realidad no existen, su contenido está inspirado y /o recogido en los diarios de la madre de la escritora. Pero Pausewang la convierte en narradora, moldeándola con su propia voz, con su propia narrativa, lo que supone una decisión mediante la que asistimos a la recreación narrativa de lo real, por así decirlo. Lo que cuenta "la tía Elfriede" fue cierto, pero es su hija quien la ha convertido en un personaje. Es la atrevida propuesta que este mismo año, aunque en el cine, ha hecho Clint Eastwood: al utilizar a los verdaderos héroes que impidieron un acto terrorista en el tren a París de hace unos años para que se interpreten a sí mismos. Es decir, son recursos que navegan en aguas donde los límites entre realidad y ficción nunca quedan por completo claros, y eso resulta muy estimulante.

Las cartas de Elfriede, siempre escritas desde el sosiego pero también desde la pasión por la naturaleza, incorporan hacia el final un largo texto escrito por su hija mayor (la propia Gudrun), lo cual supone una pirueta más en ese arte que consiste en recrear lo autobiográfico mediante ciertos giros narrativos, convirtiendo el pasado en novela. La tía le cuenta a su sobrino cómo fue aquella vida en los campos, la dieta vegetariana a la que se sometieron, las dificultades para obtener todas las provisiones que necesitaban, la venta de fresas para conseguir algún dinero, el nacimiento y la crianza y la educación de los hijos que fueron llegando… Uno de sus objetivos era desvincularse de la vida burguesa y del progreso y de todo el repertorio de comodidades que conllevan. La autora incluye algunas fotografías reales de ella durante su infancia y su adolescencia, junto a su familia; estas fotografías adquieren, como todo lo antiguo, un valor absoluto como reliquias de otro tiempo, vistazos de un mundo que ya sólo podemos imaginar en blanco y negro porque así se nos muestra.

El prado de Rosinka, en una etapa en la que proliferan los libros que gravitan en torno a gente que se va a vivir al campo, a la montaña o al bosque, contiene una ventaja sobre los demás: transcurre en el período de entreguerras, con sus protagonistas recién salidos del clima de la Primera Guerra Mundial hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Su valor testimonial está fuera de toda duda. En su última carta, Elfriede le escribe a Michael:

Y sobre todo me alegro de que expreses el deseo de seguir fiel a tu meta original: hallar una alternativa a la vida convencional en nuestra sociedad del bienestar, consumista y sobretecnificada. En relación con esto, te diré que a mi parecer existen incontables posibilidades de plantear una vida alternativa de este tipo. Habrás logrado tu objetivo cuando en el futuro construyas una existencia que mueva a los demás a reflexionar a fondo sobre su propia vida, y por ende, a orientarla y configurarla de forma diferente.


[Impedimenta. Traducción de Consuelo Rubio Alcover]

Trailer de Birthmarked


7 Days in Entebbe: nuevo cartel


Trailer de Survivors Guide To Prison


domingo, febrero 18, 2018

Lovecraft. Una biografía, de L. Sprague de Camp


En la página 668 de mi edición de bolsillo de esta voluminosa y magnífica biografía se incluye una carta de Lovecraft de 1931 en la que anuncia su retirada de la escritura; son tres párrafos contundentes que reflejan el habitual estado de ánimo de quien sufre abundantes rechazos o no ha logrado publicar más de uno o dos libros. En esa carta dice lo siguiente:

Creo honradamente que dejaré de escribir por completo… o, al menos, de intentar otra cosa que no sea tomar ocasionalmente algunas notas para mi propio cultivo. No tengo demanda ninguna de trabajo serio en el horror. Me confirma esta situación la amable devolución de mi material que acaban de hacerme los de Putman, que fueron quienes me pidieron verlo.

Me siento tan descontento de toda la producción mía que casi estoy decidido a no escribir nada más. En ningún caso he llegado a reflejar cabalmente el talante o la imagen que yo deseaba plasmar, y cuando uno no ha hecho eso a los 41 años, no tiene mucho sentido malgastar el tiempo en nuevos intentos…

Lo voy a pasar muy mal para colocar mi relato de la Antártida… En efecto, los rechazos son tan numerosos últimamente que pienso dejar de escribir durante un tiempo, y dedicarme a la revisión.

Esta página es uno de numerosos motivos para leer esta biografía y para adentrarse en la vida de un hombre tan excéntrico como Howard Philips Lovecraft: complejo, contradictorio, repleto de manías y de ideas peligrosas (el biógrafo nos proporciona suficientes muestras de su racismo, su xenofobia y sus simpatías por el nazismo, aspectos que, por fortuna, fue variando y suavizando con los años… hasta el punto de retractarse de muchas de las brutalidades que había escrito en su correspondencia, aunque no así en sus relaciones públicas, pues todos los que le conocieron lo tacharon de hombre amable, educado, correcto y nada fascista). Es uno de esos casos en los que uno debe hacer un esfuerzo para separar la obra del artista. Porque, aunque Lovecraft ha gozado de temporadas en las que se le consideraba un mal escritor y temporadas de reivindicación, lo cierto es que sus relatos, sus personajes, sus frases no tienen parangón. Hasta ahora he leído pocas narraciones suyas porque demasiadas personas se encargaron de vendérnoslo como farragoso, complicado y aburrido: nada de ello es cierto, y basta con leerse Reanimator o El caso de Charles Dexter Ward para comprobar su grandeza.

Mi edición tiene unas 1.000 páginas, de las cuales ciento y pico están destinadas a las notas, los apéndices y los índices de obras publicadas. Pero en ningún momento la lectura se vuelve pesada. Si os gusta un poco Lovecraft, sus relaciones con otros escritores y el germen de las pesadillas literarias que alumbró, no deberíais perdérosla. Un fragmento:

Aunque Lovecraft, durante sus últimos años, dio muestras de lamentar considerablemente este fracaso, creo que debió de convencerse de que era mejor fracasar aferrándose a su particular código de caballero que triunfar por medio de actos mercantiles de autosuperación. Cuando fracasaba, culpaba de su fracaso, no a su código poco práctico, sino a los defectos de su obra. Entre su código y su talento literario, lo más precioso para él era lo primero, ya que le daba la sensación de pertenecer a una clase superior de seres. Así que, como observó Derleth, no se le podía discutir ni disuadir de su convicción cada vez más firme de que su obra carecía de valor. Admitir que su obra era realmente buena habría significado admitir que el código según el cual habría vivido desde su niñez era un espantoso error.


[Valdemar. Traducción de Francisco Torres Oliver]

Ready Player One: 8 carteles









Death Wish: nuevo cartel


Cartel de Where Is Kyra?


miércoles, febrero 14, 2018

Memorial Device, de David Keenan


Me interesan mucho las historias orales en los libros. Me entretienen y dan una perspectiva muy amplia en torno a un género o a una banda de música: hay historias orales sobre el punk, sobre el porno, sobre los beat… Se han puesto de moda, al menos en España y, sobre todo, si giran en torno a los grupos musicales.

Ése es el principio que sostiene este libro: un conjunto de entrevistas y de declaraciones con quienes estuvieron en torno a la banda escocesa Memorial Device, un mapa fragmentario que arroja las luces y las sombras sobre sus componentes. Con una particularidad: la banda es ficticia y la historia es ficticia y el resultado no es un ensayo o un reportaje, sino una novela. Aunque los protagonistas son ficticios, el entorno no lo es: la escena musical de los años 80, con alusiones a grupos célebres de aquellos años y algunos desparrames inspirados en las correrías de los músicos. En vez de recopilar material sobre un grupo, David Keenan se ha inventado el grupo y las declaraciones, con lo cual es muy posible que se haya agotado más que si hubiera tenido que entrevistar a personas reales.

El resultado es una novela de lectura ágil, con momentos divertidos, con los capítulos precedidos de unos largos títulos que parecen pequeños poemas, e incluso con apéndices donde se nos informa de la discografía de Memorial, de la relación de personajes que intervienen y de las bandas del panorama postpunk del entorno escocés donde transcurre el libro. Así comienza:

Lo hice para sacar la cara por Airdrie. Lo hice por Memorial Device. Lo hice porque luego todos se largaron y se volvieron trabajadores sociales y recibieron cursos sobre cómo enseñar inglés como lengua extranjera o consiguieron trabajo en Greggs: bueno, no todos, algunos murieron o desaparecieron o más bien se recluyeron. En fin, lo hice, iba a decir que lo hice porque en esa época todo parecía posible. Por "esa época" me refiero a 1983 y 1984 y 1985, lo que llamo los años de gloria, los años gloriosos de Airdrie, vaya broma, ¿eh? Aunque en realidad eso sería faltar a la verdad porque en esa época todo parecía más bien imposible.


[Sexto Piso. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas]

Cartel de Ready Player One


En Aleteia: Un gesto estúpido e inútil




Jóhann Jóhannsson (1969 - 2018)


IV Amanecer

Levantarse y oír el canto del gallo
muy lejos en la distancia,
abrir las cortinas
y ver volar las nubes-
Qué extraño es
que tu corazón esté tan solo y tan frío como ahora.

Philip Larkin, El barco del norte

Solo: A Star Wars Story: nuevo cartel


Cartel de Gemini


viernes, febrero 09, 2018

La hija de la amante, de A. M. Homes


A. M. Homes, una de las autoras más interesantes de la narrativa norteamericana contemporánea, reconstruyó en este libro de no ficción la búsqueda de sus padres biológicos y la relación con sus padres adoptivos. Cuando tenía 31 años, y tras toda una vida sin saber nada de sus progenitores, la madre biológica de la autora quiso ponerse en contacto con ella. Homes divide la narración en dos partes: en la primera contacta con esos padres, pero acaba huyendo de ellos, apartándose de las peticiones de su madre de verse y detestando un poco a su padre; en la segunda, años después de haber muerto su madre biológica, se decide a abrir las cajas que contienen sus efectos personales, y a partir de ahí se obsesiona por rescatar ese relato que la protagonista (su madre) ya no puede contarle, y trata de reconstruir mediante documentos y cartas y archivos todo aquello que quiso saber pero nunca preguntó cuando tuvo la oportunidad.

Es un libro breve, pero que conduce a la reflexión sobre quiénes somos en realidad y qué es aquello que nos dota de identidad. Me gusta mucho el libro de Homes: indaga en esos ámbitos que no se ven a menudo en la literatura. Unos fragmentos:   

Tras pasar toda una vida en un programa de protección de testigos virtual, me han encontrado. Me levanto sabiendo algo de mí misma: soy la hija de la amante. Mi madre biológica era joven y soltera, mi padre mayor que ella y casado, con una familia propia. Cuando nací, en diciembre de 1961, un abogado llamó a mis padres adoptivos y les dijo:
-Su paquete ha llegado y está envuelto en cintas rosas.

**

Crecí convencida de que todas las familias eran mejores que la mía. Crecí observando sobrecogida a las demás familias, capaz a duras penas de soportar las sensaciones, el placer casi pornográfico de presenciar intimidades tan nimias. Me mantenía al margen, sabiendo que por mucho que te incluyan –te inviten a comer, te lleven de viaje con ellos– nunca eres la titular, eres siempre la "amiga", la primera a la que dejan atrás.

**

Estoy sentada sola en el cine, claramente consciente de que no quiero pasar el resto de mi vida sola, asustada de pensar que nunca conseguiré construirme una vida, de que estoy demasiado rota para establecer vínculos con otra persona.

**

Las imágenes son momentos congelados de la relación familiar, son documentos sacados para servir de prueba y recuerdo cuando ya no queda nadie que pueda contar la historia.

**

Pienso que es realmente interesante y extraño que una mujer, cuando se casa, tradicionalmente pierda su nombre, absorbida por el apellido del marido: en efecto, se pierde, se evapora de todos los registros donde aparece su nombre de soltera. A la postre comprendo la ira del feminismo: la idea de que como mujer eres una propiedad que tu padre transmite a tu marido, pero nunca eres un individuo con una existencia independiente. Y la otra cara de la moneda es que es uno de los pocos medios legítimos de desaparecer: nadie lo cuestiona.

**

Ahora veo que soy un producto de cada uno de mis relatos de familia: de algunos más que de otros. Pero al final los cuatro son hebras que se retuercen y restriegan entre sí y cuya fusión y fricción se combinan para hacerme ser quien soy y lo que soy. Y no sólo soy producto de esos cuatro relatos: también me influyó otro; la historia de cómo se siente el adoptado, el elegido, el extraño introducido en casa.


[Anagrama. Traducción de Jaime Zulaika]

Próximamente: La ley de Carter



De Ted Lewis. En Sajalín Editores.

John Mahoney (1940 - 2018)


Solo: A Star Wars Story: primer trailer






Reyes Abades (1949 - 2018)


Cartel de Josie


XXIV

Amor mío, debemos separarnos: no dejemos que sea
algo amargo y terrible. Hemos compartido
compasión y luz de luna:
acabemos así: ahora que se pasea el sol por el cielo
de forma tan intrépida,
y que los corazones tienen tantas ganas
de ser libres, de asolar mundos y destruir campos;
y es que tú y yo ya no somos sus dueños; somos cáscaras que ven
como el grano sirve para un uso diferente.

Hay arrepentimiento. Siempre hay arrepentimiento.
Pero es mejor que nuestras vidas se desaten
con vocación de buques
que entrenados por el viento y húmedos de luz
salen del estuario con el curso fijado,
y navegando se separan, y navegando se pierden ya de vista.

Philip Larkin, El barco del norte

John Morris (1926 - 2018)


Cartel de Tully



Venom: primer cartel


domingo, febrero 04, 2018

En Aleteia: Loving Vincent




Cartel de Disobedience


Mission: Impossible - Fallout: primer cartel


Nostalgia: 2º cartel


miércoles, enero 31, 2018

El caso de Charles Dexter Ward, de H. P. Lovecraft


Aún no había leído esta novela de H. P. Lovecraft y me parece una de sus narraciones más sólidas, tanto que la considero una pequeña obra maestra. Me compré hace tiempo la versión de Miguel Temprano que editó Acantilado hace ahora unos cuatro años. Como Sprague de Camp desvela en su biografía (que pronto comentaré aquí), Lovecraft no publicó esta novela en vida.

La historia comienza a partir de la desaparición de Charles Dexter Ward de un sanatorio para enfermos mentales. A partir de ahí nos relatan los acontecimientos que lo empujaron a la locura, desde el momento en que convirtió en una obsesión total la búsqueda de las huellas de su antepasado Joseph Curwen, alguien que al parecer tuvo tratos con fuerzas ocultas y dedicó parte de su vida a explorar la alquimia. Ward se ve envuelto en extraños acontecimientos, en viajes al extranjero y en visitas a los cementerios.

Lovecraft va sumergiendo al lector desde las primeras líneas (ver el primer párrafo, más abajo) en una atmósfera siniestra y malsana, que posee el tono que luego han imitado en tantas películas ambientadas parcialmente en cementerios, en casas siniestras, en sótanos aterradores donde se custodian los misterios, en mazmorras donde agonizan criaturas que sólo una imaginación perversa puede conjurar, en laboratorios en los que invocar al más allá… Si no lo habéis leído, no os lo perdáis, y, si puede ser en la edición de Acantilado (o en la de Valdemar), mucho mejor. Aquí van unos extractos: 

No hace mucho que desapareció de un hospital privado para enfermos mentales cercano a Providence, Rhode Island, un individuo muy peculiar. Atendía al nombre de Charles Dexter Ward, y fue internado allí muy a su pesar por su afligido padre, que había visto cómo su enajenación pasaba de ser una mera excentricidad a una siniestra manía que implicaba tanto la posibilidad de tendencias homicidas como un profundo y extraño cambio en el aparente contenido de su imaginación. Los médicos admiten su considerable desconcierto ante el caso, puesto que ofrecía anomalías generales de carácter fisiológico y psicológico.
En primer lugar, el paciente parecía extrañamente mayor de lo que correspondería a sus veintiséis años. Es cierto que el desequilibrio mental acelera el envejecimiento; pero el rostro de este joven había adoptado un matiz que por norma general sólo adquieren los muy ancianos. En segundo lugar, sus funciones orgánicas mostraban unas extrañas proporciones sin parangón en la práctica médica. La respiración y el ritmo cardíaco manifestaban una sorprendente falta de simetría; había perdido la voz y no podía emitir sonidos por encima de un susurro; la digestión era increíblemente prolongada y estaba reducida al mínimo, y las reacciones neurológicas a los estímulos normales no guardaban relación alguna con ningún registro conocido, ni normal ni patológico. La piel tenía una sequedad y una frialdad enfermizas, y la estructura celular del tejido parecía exageradamente tosca e inconexa. Incluso había desaparecido una gran marca de nacimiento de color oliváceo de la cadera derecha y en cambio se le había formado en el pecho un lunar o mancha negruzca muy característica y que no tenía antes. En general, todos los médicos coinciden en que los procesos metabólicos de Ward se habían ralentizado de manera inaudita.


**

Es seguro que la verdadera demencia llegó con un cambio posterior; después de que descubriera el retrato de Curwen y los documentos antiguos; de que hiciese un viaje a varios lugares desconocidos en el extranjero y entonara ciertas terribles invocaciones en circunstancias extrañas y secretas, de que recibiese ciertas respuestas a dichas invocaciones y escribiese una desquiciada carta bajo circunstancias inexplicables y angustiosas; de la oleada de vampirismo y de las inquietantes habladurías de Pawtuxet, y de que la memoria del paciente empezara a excluir imágenes contemporáneas al tiempo que su voz se iba debilitando y su aspecto físico sufría las sutiles modificaciones que muchos notaron posteriormente.

**

Llevaron a Ward al hospital privado dirigido por el doctor Waite en la tranquila y pintoresca isla de Conanicut, en mitad de la bahía, donde todos los médicos relacionados con su caso lo sometieron a un estudio y un interrogatorio detallado. Fue entonces cuando repararon en las peculiaridades físicas: el metabolismo ralentizado, las alteraciones cutáneas y las reacciones neurológicas desproporcionadas.

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Tropezó con cosas que ningún mortal debería conocer, y retrocedió a épocas a las que nadie debería llegar, hasta que algo surgido de esas épocas lo engulló.


[Acantilado. Traducción de Miguel Temprano García]

Cartel de Oh Lucy!


Cartel de Double Lover


martes, enero 30, 2018

En Aleteia: Qué fue de Brad (Brad's Status)




Cartel de Eva


Cartel de Unsane