sábado, diciembre 09, 2017

Próximamente: El atlas



De William T. Vollmann. En Pálido Fuego.

Cartel de Lean on Pete


La coronación de las plantas, de Diego S. Lombardi


Debíamos seguir el camino de tierra, vadear el río y continuar hasta donde la huella se pierde, donde antes había un cartel que señalizaba el sendero y donde ahora no quedaba más que el poste. Teníamos las vagas referencias de pasar una lomada, una higuera, datos proporcionados por un anciano con quien nos topamos a escasos pasos de la iglesia; había indicado la dirección a seguir frunciendo los labios, acompañando el gesto con un seco movimiento de la cabeza. El sol de la tarde hacía sentir su calor con una intensidad inusitada para la primavera. Nos detuvimos en una explanada a estudiar las posibilidades, pues ninguno de aquellos senderos ocultos por la maleza se ofrecía más importante que otro; a primera vista parecían no tener el mismo destino. Saqué de la mochila una botella, di unos sorbos y se la pasé a Paula. Antes de guardarla eché un poco de agua sobre mi coronilla. Y entonces lo vi, casi junto a nosotros. El Guriburi. Así lo bautizamos luego.

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Al principio me había limitado a hojearlo, pero, poco a poco, aquel libro comenzó a depredar mi interés. El extenso manuscrito estaba encuadernado en cuero y se dividía en tres secciones escritas en castellano, diferenciándose una de otra por una carátula que, encuadrada en un sencillo tramado decorativo en tinta roja y negra, poseía la misma inscripción: "Herbolario del Lobo Liver I (II o III, según el caso)". Había una cuarta parte, no menos importante en extensión, escrita en alemán y atiborrada de diversas citas en castellano, que parecía ser una exégesis de los libros mencionados anteriormente y se titulaba "Notizen zur Bosheit der Pflanzen".

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El herbario contenía una descripción detallada de setenta y dos especies de plantas que, por su ecléctica variedad, no se limitaba a una región geográfica definida. Abarcaba, además, un sinnúmero de encantamientos para fines y usos de toda índole. El hecho de poseer una receta para mantener alejados a los agentes de la inquisición evidenciaba su antigüedad, no obstante, luego de un estudio exhaustivo, estuve seguro de que aquel texto no resultaba una mera copia, sino la reforma de una obra mucho más antigua.
El herbario carecía de criterios para catalogar las especies, dejando al margen cualquier clasificación basada en los órganos de reproducción o fructificación, restringiéndose a describir la apariencia general de la planta, sus flores, su olor, color, tamaño de las hojas y otras características similares.


[Jekyll & Jill]

I, Tonya: 2 carteles



Hostiles: 2º cartel


jueves, diciembre 07, 2017

William H. Gass (1924 - 2017)


miércoles, diciembre 06, 2017

martes, diciembre 05, 2017

Indian Creek. Un invierno a solas en la naturaleza salvaje, de Pete Fromm


Libro de culto en Estados Unidos, escrito por Pete Fromm en los 90, Indian Creek es la crónica de un joven que aceptó un trabajo de unos ocho meses en un paraje en el que las temperaturas alcanzarían los 40º bajo cero en invierno, viviendo solo en una tienda en la confluencia entre dos arroyos. Lo cuenta el propio autor en las primeras páginas:

Desde mediados de octubre hasta mediados de junio, sería responsable de dos millones y medio de huevas de salmón implantadas en un canal entre dos arroyos. La carretera más cercana se encontraba a sesenta y cinco kilómetros de distancia; la persona más cercana, a ciento quince. Si me interesaba, concluyó, sólo podía darme dos semanas para prepararme.
Cada vez prestaba menos atención a lo que me decía. Todo me parecía perfecto. Al fin iba a descubrir en qué consistía la vida de un hombre de las montañas. ¿Fantasía o realidad? ¿Infierno o gloriosa libertad? Independientemente de lo que descubriera, estaba seguro de que acabaría con algo que contar, con una historia propia.

Es importante señalar que Pete Fromm, al igual que hicieron Cheryl Strayed y Chris McCandless (véanse Alma salvaje y Hacia rutas salvajes, respectivamente), no contaba con demasiados conocimientos sobre la supervivencia en los bosques. Esta falta de preparación desemboca en tropiezos, errores y extravíos que, al final, resultan ser lo más interesante del libro. Porque, con los tres nombres citados, nombres de personas reales (Strayed, Fromm, McCandless), el lector habitual de ciudad se pone en sus pellejos: tenemos empatía hacia ellos porque a nosotros, probablemente, nos habría pasado lo mismo.

Indian Creek es una crónica sobre la supervivencia, pero también sobre la soledad. De cómo un hombre se desespera y está a punto de volverse loco porque sólo puede compartir las 24 horas del día con un perro pequeño y con los cazadores que, ocasionalmente, se acercan por la zona. Durante unos días regresa a la civilización para asistir a la boda de un amigo, pero ya nada es lo mismo: aunque necesitaba salir de la soledad, en cuanto regresa a la ciudad y a juntarse con las personas, lo único que quiere es volver a la zona forestal. Quien lea Indian Creek pensando que va a encontrar una especie de Thoreau, con reflexiones sobre la naturaleza, es muy posible que salga decepcionado. Repito que Fromm escribió un libro sobre supervivencia y sobre cómo vivir en las montañas nos hace pagar un precio alto (soledad, hambre, frío, amenaza de animales salvajes, desorientación cuando uno se aleja de los caminos…). Pero no debería ser incompatible la lectura de uno y otro. A mí, por cierto, me gustan ambos.


[Errata Naturae. Traducción de Carmen Torres García]

Phantom Thread: nuevo cartel


Trailer de Small Town Crime


Cartel de Drawing Home


viernes, diciembre 01, 2017

Los mutilados, de Hermann Ungar


Una de las novedades editoriales del otoño es la Narrativa completa de Hermann Ungar. Su aparición me hizo recordar que tenía por casa, bajo alguna de las pilas de lecturas pendientes, esta novela breve del autor, en una edición que probablemente ya no se encuentra y que compré hace años. Los mutilados es una novela de unas 200 páginas. Es un libro impactante, que fascina ya en sus primeras líneas, cuando nos adentramos en la historia de Franz Polzer, un empleado de banca rendido a las rutinas, misántropo y temeroso casi de cualquier contacto, como una especie de Bartleby de la vida. Poco a poco, el autor nos va desgranando la personalidad de Polzer con apuntes que dibujan su retrato: Pozer era incapaz de desprenderse voluntariamente de sus cosas. / Polzer sabía que no era dueño de ningún tesoro. / En sus muchos años de empleado, Franz Polzer nunca había estado en la calle a media mañana más que el domingo. / Franz Polzer nunca se sintió unido a su padre. / Después del entierro, Franz Polzer dijo a su tía que él no quería ninguno de los bienes de su padre.

Pero hay otros personajes: su amigo Karl Fanta, al que una enfermedad va aniquilando despacio, mientras le amputan miembros y se va convirtiendo en una especie de vegetal lleno de rabia y amargura; la viuda Frau Porges, la mujer que acosa a Polzer, el único huésped de su casa; Sonntag, un enfermero que antes fue matarife; Dora, la abnegada mujer de Fanta... Todos ellos van componiendo un retrato de las neurosis y de los sentimientos que acaban desembocando en tragedia. Los mutilados es, desde ya, uno de mis libros favoritos. Una pena no haberlo leído antes.

Unos extractos:

Algo se prepara, pensaba Polzer.
Algo esperaba en la oscuridad. Todo aquello debía terminar. Algo esperaba en el rincón. Quizá un asesino con un hacha. Uno no puede conocer la casa en la que habita.

**

Empezó a ocurrir lo que temía Franz Polzer. La puerta estaba abierta. Una vez perturbado el orden, el caos era inevitable. Se había producido la brecha por la que irrumpía lo imprevisto, esparciendo el miedo.
El mutilado ocupaba ahora la habitación de las fundas blancas. Por la noche se le oía gemir. Le dolían las heridas. El pus le roía la carne, y las pesadillas le atormentaban. Polzer escuchaba. En la casa estaba la muerte, esperando.

**

-¡Qué horror! –dijo Karl–. ¡Y qué horrible!
-La hermosura, Herr Fanta –respondió el enfermero–, no es cualidad apreciable en los cadáveres.


[BlackList. Traducción de Ana María de la Fuente]

Banner de Loveless


All the Money in the World: 4 carteles





martes, noviembre 28, 2017

En Aleteia: Jim y Andy




La física del futuro, de Michio Kaku


En un mundo cada vez más deteriorado, con la humanidad en proceso de destruir el planeta, este libro proporciona cierta esperanza (o al menos a mí me la ha dado). Nos ofrece un panorama, de aquí a cien años, en el que los avances en la informática, la búsqueda de nuevas fuentes de energía, la medicina, la inteligencia artificial o nanotecnología contribuirán, en mayor o menor medida, a consolidar un futuro menos peligroso, donde nuestra salud pueda ser vigilada por chips, donde los robots puedan ayudarnos a desempeñar multitud de tareas cotidianas, donde se puede frenar el envejecimiento, donde nos conectaremos a internet mediante unas lentes de contacto, donde los vehículos magnéticos ya no necesiten combustible… El autor se entrevistó con cientos de científicos y de expertos para examinar las tecnologías que pueden desarrollarse durante 100 años y que determinarán finalmente el destino de la humanidad.

Este ensayo sobre ciencia nos dice cómo serán las próximas décadas, y la lectura te deja sumido en un mundo increíble, propio de todo lo que hemos visto en las películas de ciencia ficción (esas películas de las que mucha gente salía diciendo: "Eso es imposible"). Pues bien, casi todo lo que hemos visto se va a ir cumpliendo. Pensemos en algunos avances de Blade Runner, Minority Report o La guerra de las galaxias. Muchos de los avances ya existen, pero no los conocemos porque están en pleno proceso de desarrollo, o son meros experimentos que, a falta de presupuesto, no pueden lanzarse aún a los mercados. Es un libro que cualquiera mínimamente interesado en lo que nos deparará los próximos 100 años debería leer ya mismo.


[DeBolsillo. Traducción de Mercedes García Garmilla]

Trailer de Lady Bird


Cartel de Ava


sábado, noviembre 25, 2017

El declive, de Osamu Dazai


En los libros de Osamu Dazai solemos encontrarnos con personajes torturados, gente que está cansada, que se ve sometida por la miseria o por la adicción a las drogas y/o el alcohol. Aunque el narrador cambia en esta obra, esta vez dándole el protagonismo a una mujer, en El declive encontramos los mismos sufrimientos y las mismas preocupaciones. Kazuko, la protagonista, vive con su madre y ambas tratan de adaptarse a una serie de cambios: el padre de la chica murió, del hermano (adicto al opio) no han tenido noticias desde que se fue al frente, Japón ha terminado esquilmada tras la Segunda Guerra Mundial y las dos se ven obligadas a cambiar de domicilio e irse a vivir al campo, donde la madre enferma y donde las serpientes que a veces se dejan ver por las inmediaciones les confieren malos augurios. Cuando Naoji, el hermano desaparecido, regresa, los problemas se duplicarán, sobre todo desde el momento en que Kazuko se enamora de un amigo de Naoji.

Como decía al principio, no faltan aquí los temas que obsesionaban a Osamu Dazai: la adicción a las drogas y al alcohol, el impulso de autodestrucción, el suicidio, la tristeza y la soledad… Por motivos personales y familiares me ha hecho un nudo en la garganta el pasaje en el que la chica descubre que su madre ha enfermado:

Una mañana vi algo espantoso: mamá tenía la mano hinchada. Además, últimamente desayunaba sentada en la cama y apenas tomaba una ligera sopa de arroz, a pesar de que el desayuno siempre había sido su comida favorita. No podía comer nada con un olor demasiado fuerte. Aquel día parecía que le molestaba incluso el olor de las setas que había añadido a la sopa, pues se llevó el cuenco a los labios y volvió a dejarlo en la bandeja sin haber comido nada. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía la mano derecha hinchada.
[…]
Mamá permaneció en silencio con los ojos entornados, como si estuviera deslumbrada. Yo quería echarme a llorar a gritos. Aquella mano no era la de mamá. Pertenecía a otra mujer. La mano de mamá era más pequeña y delgada. Una mano que conocía bien. Una mano amable. Una mano adorable. ¿Habría desaparecido para no regresar jamás? La izquierda aún no estaba tan hinchada, pero me resultaba demasiado doloroso seguir mirando a mamá. Aparté la vista y la posé en la maceta que adornaba el tokonama del dormitorio.

Es evidente (o a mí me lo parece) que el autor se desdobla en dos personajes: el torturado hermano, Naoji, y el escritor al que conoce gracias a él, Jiro Uehara. Ambos resumen muchas de las preocupaciones de Dazai. Los lectores de esta novela señalan que es triste, pero al mismo tiempo muy bella. Tal vez sea por ese toque fatalista y romántico que el autor de Indigno de ser humano solía aplicarle a sus obras. Quiero destacar también este pasaje porque es puro Dazai:

Aquellas personas estaban equivocadas. Pero quizá ellos no podían vivir de otra forma, igual que yo no podía vivir sin amor. Si es cierto que las personas venimos a este mundo con el deber de sobrevivir, no deberíamos juzgar lo que hagan los demás para alcanzar ese fin. Estar vivo. Estar vivo. Una obra colosal, agotadora e imposible de realizar. 


[Sajalín Editores. Traducción de Marina Bornas]

The Commuter: 2 carteles



Downsizing: nuevo cartel


Banner de Eric Clapton: Life in 12 Bars