miércoles, febrero 22, 2017

Prosas reunidas, de Wisława Szymborska



La caza mejora las razas, dado que elimina a los especímenes menos aptos. La caza vela por la justa proporción entre machos y hembras. La caza decide la colocación del animal para que pueda prosperar adecuadamente sin destruir excesivamente el entorno forestal o campestre que lo rodea.

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Además, hay algo irritante en la manera en que algunos poetas escriben sobre la poesía. Escriben como si esta albergase aún secretos absolutamente inalcanzables para los otros géneros. Los poetas siempre se han mostrado proclives a tratar la poesía como si esta fuese el alfa y el omega de la literatura, y ciertamente ha habido períodos en que se ha tratado de confirmar esta convicción. Pero eso ya está pasado de moda. La poesía sigue viva y, ciertamente, no es un género menor. Sin embargo, me parece poco prudente concederle esa incontestable superioridad a la hora de percibir y sentir en comparación con la prosa literaria o el teatro. Durante mucho tiempo, muchos se las han arreglado bien para ir montados a lomos de ese Pegaso, sin importar demasiado quién iba agarrado de sus crines y quién de su cola… La poesía, esto; la poesía, aquello… En muchas ocasiones, la palabra "poesía" podría ser sustituida por "prosa" y funcionaría igual de bien.

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No sé de dónde ha salido esa idea estúpida de que hay que elegir lecturas ligeras para las vacaciones. Si es todo lo contrario: esas lecturas ligeras deben leerse –si es que en realidad es posible leer algo– antes de acostarse, después del trabajo o las labores de casa, cuando resulta difícil encontrar esa concentración que requieren los libros más serios.

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Porque no hay manera de tomarse en serio a alguien que lucha contra el humor. Y, además, ¿qué pasaría si, como represalia, apareciese un grupo de hombres y comenzase a quejarse de que se hicieran chistes sobre ellos? Dado que el género humano se compone únicamente de dos sexos, a los cómicos solo les quedaría la flora y la fauna, pero entonces serían los ecologistas quienes de nuevo protestarían. Solo los planetas quedarían indefensos, girando alrededor del Sol irreflexiva y maquinalmente, pidiendo a gritos una sátira sarcástica; pero a quién divertiría eso, no lo sé.

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La muerte siempre es dramática, pero cuando es un humorista quien muere adquiere el aspecto de una incongruencia no programada, algo así como un error en el arte, una pifia desagradable, una traición a la esencia misma de un trabajo bien realizado…

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¿Cuánta gente, en el transcurso de cien años, a lo largo y ancho del mundo, ha participado activamente en el rodaje de esas películas? Quizá no se trate de centenares de miles, sino de millones de personas. Y para muchas de ellas supuso, con total seguridad, la gran aventura de sus vidas.

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En la escuela, los alumnos leen literatura por obligación, y la obligación, como es bien sabido, excluye cualquier posibilidad de deleite. Pero también hay verdaderos polonistas-taumaturgos (yo misma tengo el gusto de conocer a algunos), gracias a los cuales las lecturas escolares siguen siendo un placer.

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Para ellos [los críticos literarios], Przybora no era un poeta porque cantaba. ¡Dios Santo! ¡Cuántas veces la prensa de los últimos decenios se ha enzarzado en discusiones, polémicas, debates, interpretaciones y clasificaciones por géneros sobre lo que, en su opinión, debía ser lo más sobresaliente del período! Y, en todo ese tiempo, jamás incluyeron a la canción, aunque fuese por error, dentro de los géneros literarios.


[Malpaso Ediciones. Traducción de Manel Bellmunt Serrano]